sábado, 4 de agosto de 2007

Las simples cosas

"Obligado por el investigador a analizar y decir lo que estaba haciendo -¡cómo ansiaba estar a solas con la Eternidad en una flor, con la Infinitud en las cuatro patas de una silla y con lo Absoluto en los pliegues de unos pantalones de franela!-, advertí que estaba eludiendo deliberadamente las miradas de quienes estaban conmigo en la habitación, tratando deliberadamente de no darme demasiada cuenta de sus presencias. Una de aquellas personas era mi mujer y otra, un hombre al que respetaba y tenía mucha simpatía, pero ambos pertenecían al mundo del que, por el momento, la mescalina me había liberado, al mundo de los sí mismos, del tiempo, de los juicios morales y las consideraciones utilitarias; al mundo -y era este el aspecto de la vida humana el que quería ante todo olvidar- de la afirmación de si mismo, de la presunción, de las palabras excesivamente valoradas y de las nociones adoradas idolátricamente." (Aldous Huxley, Las Puertas de la Percepción).

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